Recuerdo la idea de porque decidí abrir un blog, estaba en la universidad, estudiando Lengua y Literatura Hispanoamericanas y me sentía el próximo escritor famoso, incluso cada película o libro que hablaba de algún tema cualquiera me hacía soñar platónicamente con un blog que fuera sumamente famoso y visitado, error, nunca logré eso,nunca tuve madera de bloggero tampoco, pero hoy, después de aproximadamente seis años de no entrar, recordé que tenía uno, y pensé si aún existía, afortunadamente aún recuerdo mi nombre de usuario, y al estar vinculado a la cuenta de google, pues, fue fácil volver a acceder, que caóticamente despistado soy a veces, sobretodo que fácil me es desinteresarme por todo.
Nunca he sabido para qué realmente se crearon los blogs, si son, diarios electrónicos a los que muchas personas tienen acceso, o espacios para desahogarse, contar, informar, divertir, a los demás.
Seis años después de haber subido el último "escrito" de mi no exitosa vida de seudo poeta, regreso a escribir la dicha que tengo de estar donde estoy, de tener un trabajo que aunque me hace regresar a casa exhausto me gusta mucho, y entre más trabajo siento que las semanas son más ligeras y divertidas, ¿alguna vez creyeron que elaborar un oficio o realizar un trabajo académico les dejaría un buen sabor de boca? yo no, de haberlo sabido, hubiera puesto más intereses a mis materias, a mi carrera, que aún siendo un mal estudiante, la amé con lo que tenía para darle.
La vida a través de estos seis años, ha sido en su mayoría monótona, con sus pequeños momentos, espacios y meses de desenredos, de victorias cortas y derrotas largas, de pensar sí esto es lo más sencillo o lo más complicado que pasaré; uno nunca sabe que pasará mañana, pero trata de tener control sobre las cosas, y ahí es cuando empiezan los disgustos, esos pequeños carboncitos y piedritas que vamos cargando sobre la espalda, en la bolsa derecha del pantalón o en algún zapato, estorbándonos el paso, haciéndonos tropezar con agilidad ante cosas que son sencillas.
Escribí hace unos años, tres o cuatro, quizá cinco, y siento que todo lo poco de poeta, lo perdí en esa temporada, a partir de eso, y a través de los romances menores, de los encuentros casuales y causales, no he podido, aunque me he esforzado con entrega, a escribir algo que me agrade desde el primer momento, o vaya, que fluya como fluyen los latidos cuándo ves a alguien que quieres a los ojos, y digo quieres, porque a mis casi tres décadas no estoy seguro de haber amado a alguien, y si me dicen la palabra amor, recuerdo momentos de mi niñez dónde extrañé tanto a mis padres, si me dicen amor, pienso en mi hermana, y en los amigos que han estado a mi lado a lo largo de aproximadamente doce años, pero de eso, a sentir amor por una mujer, no lo sé, últimamente dudo de saber amar, pero si sé querer desaforadamente (cómo diría Sabines).
Los primeros cuatro meses de este año, es decir, el primer tercio de año, creí con mucha ilusión que iba rumbo a ese sentimiento que nunca había experimentado, o que creo nunca haber experimentado, pero lo creí un primero de enero en sus primeros minutos, y lo volví a creer un día cuatro de enero mientras al son de Careless Whisper daba un beso corto que terminó con una sonrisa. Y así enero se convirtió en un mes para preguntarme qué pensaba del amor a distancia, qué tan listo me sentía para algo así, y febrero fue un mes en el qué el trabajo sentía que se iba a terminar, en el qué pensé mucho en alguien después de años, en el que un catorce de febrero se me hizo muy pesado por no estar cerca de la persona que quería, aún cuándo una semana después la vería, los días fueron muy livianos y divertidos, y creí querer desmedidamente, conocí el miedo a no ser correspondido, ya a tan avanzado progreso, pero seguí, seguí intentándolo hasta que descubrí que eso no era amor, hasta que el trabajo empece a dejarlo de lado, hasta que me veían distante en todos lados, y hacía cosas que nunca habría hecho, dejar de buscar a los amigos, dejar de concentrarme en el trabajo.
Seis años bastaron para saber que lo que creí que iba a ser la vida después de la universidad me cayera de golpe, y descubriera al final, que más que drama, la vida se trata de buscar la paz, o al menos a mis cuasi treinta, es el único objetivo que busco. Paz, para vivir, para sanar, para vibrar de buena manera, y sobre todo, para ser feliz.